Llamada también “pialada”, es una actividad del quehacer gauchesco, en cuya oportunidad el propietario muy de madrugada coloca una bandera blanca de manera visible hacia el camino, señal de que en esa casa hay fiesta, esta se realiza cada año o cada dos, entre los meses de diciembre a junio, y como hemos dicho anteriormente muy temprano también, los gauchos vaqueanos salen al campo, golpeando los guardamontes y dando gritos que responden con sus ecos las montañas, a juntar el ganado, sin olvidarse antes de salir de ofrecer a la Pachamama su coca, alcohol y cigarrillo, para que la junta no demande trabajo y se consiga reunir todo el ganado.
Así toda la mañana, la hacienda va llegando por grupos al corral, arreada por los gauchos que ponen toda su disposición y entusiasmo para el trabajo, mientras esto ocurre los que van regresando son ofrecidos con el tradicional churrasco con choclos, papas o mote, sin que falte la chicha, la aloja o el yerbiao.
La hacienda en el corral, los pialadores son invitados a ingresar al mismo, eligiendo las hojitas de coca más enteritas que son entregadas al dueño para la Pachamama que son ofrecidas juntamente con bebidas.
Posteriormente se inicia la faena y los pialadores, cada uno con su lazo, cual mejor que otro, unos nuevos otros viejos, los hay de cuatro en su mayoría, pero también de seis y ocho tientos, unos frangollados otros bien trenzados, con los cuales se aprestan a demostrar su habilidad y destreza en su manejo.
A indicación del dueño, tratan de lazar (pialar) en la carrera a un animal macho por las dos patas delanteras hasta conseguir voltearlo, luego se hace lo propio con una hembra y juntos son dispuestos en el suelo recostados el macho tras la hembra para el “casamiento”, acto para el cual el dueño elije a los padrinos (matrimonio destacado en la fiesta), estos tapan con un poncho a la pareja de animales a los que casan con la seriedad que el rito exige, bautizándoles con chicha y otras bebidas, haciéndoles coquear y adornándolos con papel picado, talco o harina y serpentina.
Bien floreados finalmente son señalados o marcados con la marca al rojo. Durante el ritual los padrinos piden a la Pachamama por las buenas crías y la reproducción de los animales casados. Los pialadores de esta pareja son pagados con una “pavada” o una botella de alguna bebida fuerte yerbiao y chicha. La encargada de pagar es por lo general una linda moza, de manera que el pialador no se haga de rogar por el convite.
Tras ello, continúa la yerra en medio del jolgorio y algarabía de los gauchos, multándose a quienes pialan un animal no indicado, o lo sueltan luego de voltearlo, con vino u otras bebidas.
Esta actividad es variada con la castración de toros o también con la descornada. Finalizada la tarea, se reúnen los presentes en el corral y luego arrean los animales dando tres vueltas alrededor del mismo antes de soltarlos, mientras son blanqueados con harina, serpentina, chicha y vino, hasta liberarlos por la puerta que da al naciente.
Ya fuera del corral los invitados solicitan a San Marcos -patrono de los vacunos- por una mayor producción, augurios que es manifestado por todos al dueño del ganado.
Para concluir se destapa la Pachamama (cavidad ubicada en el centro del corral), donde se entierran las señales, colas, puntas de astas y flores de lana de colores.
Un gaucho enlaza la cavidad con una armada bien grande, mientras que otro es asignado a cavar y tapar la Pachamama y cuando va a terminar su trabajo , el gaucho tira del lazo colocando por sobre el bramero, con su maestría propia, arrastrando al enterrador -que es su afán o quedándose con las ganas de haber cosechado el aplauso por su habilidad.

Pialada - Centro Gaucho Tradición

Pialada - Centro Gaucho Tradición

Así entre risas y cantos de los más entonaos, comienza el gran fogón y el baile, primero en el corral, luego en la casa, encabezado por el dueño, donde sigue la fiesta hasta el día siguiente. A veces al otro día la yerra continúa y consecuentemente el festejo cuyo predominante es el cantar con caja y en contrapuntos de coplas y tonadas.

Libro: Corral de Piedras – Primera Edición – Ediciones Culturales San Salvador – Año 1998.
Autor: JULIO ALEJANDRO LLANES

Fuente: Centro Gaucho Tradición

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